El ladrón de nombres (cuento, 18-03-2008)
En la tierra de la promesa electoral vencida, donde cueros engordados se tragan a «Elcompañero», donde por el caño de un fusil se chuparon los pensamientos, donde se montan pequeños castillos rosados para alojar a esos «raritos».
Aquí, en la tierra de las contradicciones. Aquí, en el Argenshopping del sur donde las tierras se venden por coloridas prendas y de yapa te regalan un bosque, se ha engendrado de la imaginación egoísta de los pisa cabeza un ser de mil caras, mil formas y mil discursos con el fin de reestablecer el orden sin tenerle piedad ni a las abuelas, ni a las madres, ni a los hijos, ni a nadie.
A cara pintada o no, pero sí de manera violenta ha golpeado con mano dura en el centro de los temores, sacándose de encima los pensamientos y sus pensadores, haciendo que esas pocas cabezas que han podido, busquen fuera de casa una nueva madriguera.
Como fiel empleado, remarca números y los hace inalcanzables. Inflando las necesidades básicas, nos va empujando más contra los márgenes de una sociedad que para no ver, se mete la cabeza en lo profundo del culo.
Nos obliga a masticar lo masticado, a vestirnos de noticias viejas, a ser la parte de atrás de un decorado corrugado.
Arrastrándose leproso, sin apuro del tiempo, El ladrón de nombres va dejando su baba del no te metas impregnada en lo más profundo de nuestro temor. Así nos quita las esperanzas, los sueños, las ideas y los ideales. Así nos quita lo que nos hace personas… nos quita la identidad.