Santa Rocío de Dorrego (18/02/2011)
Con raro apetito despierta este cerdo amorfo de sentimientos. Guiado solo por un latido eyaculador sale a regocijar su miseria por el barrio. Babosa lepra sádica, la que se esconde bajo su cuero, lleva consigo el infierno de quien esa mañana ardería olvidada entre el silencio de un paisaje desolado.
Lágrimas que no llegan a lavar ese relato que nunca esperamos oír, y los restos de horribles recuerdos, ya embalados y adheridos en su cabello.
Con brutalidad, salvajismo y a fuerza de sus golpes el macho marca la conciencia y sepulta en el corazón de Dorrego el dolor de un moretón en la cara que nunca se irá, y la pielcita desgarrada y quemada adherida a la camilla va a dejar su sello de tristeza en los rezos de muchos.
Fragmento. El texto completo se puede solicitar.